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La casa del amor, la Casa de Los Abanicos, ubicada en el número 1823 de la calle Libertad, en la Colonia Americana

La Casa de Los Abanicos, ubicada en el número 1823 de la calle Libertad, en la Colonia Americana,  data de finales del siglo 19, su construcción inicia en 1898, por encargo de Guillermo B. Jovey, primer propietario de la casa, quien encomendó esta la tarea al ingeniero Guillermo de Alba, quien realizó la primer etapa constructiva que concluyó en 1904, y que constaba únicamente de la primer planta de la casa.

Estas fechas coinciden con el inicio de la formación de las colonias Reforma, Francesa y “Colonia Porfirio Díaz”, ahora Colonia Americana, por iniciativa de los señores Daniel F. Jones y Winfield Swayse. En esa época, las familias más adineradas de Guadalajara, que gozaban de la bonanza económica de la época, dejaron sus viejas y clásicas casonas para ocupar nuevas residencias construidas bajo el estilo afrancesado y predominante en aquellos años; el Art Noveau.

Don Manuel Cuesta Gallardo, último Gobernador de Jalisco del periodo porfirista compró la casa en 1907 para su esposa María Victoria, quien debió ser una mujer de excepcional belleza, pues de acuerdo al relato, fueron precisamente los encantos de María Victoria lo que propició la compra, ampliación y embellecimiento de esta casa.

De esa época data la construcción de la segunda planta de la casa que fue realizada por un arquitecto de origen alemán de nombre Ernesto Fuchs. Fue él quien decidió añadir a la construcción las columnas corintias que posee y su sello más característico; las hermosas herrerías en forma de abanico, traídas desde Bélgica, especialmente para su instalación en la casa y que terminaron por darle el nombre distintivo a esta centenaria construcción.

Cuando Cuesta Gallardo cae en desgracia política a causa de la Revolución Mexicana, vende la propiedad a una familia de mucha tradición en Jalisco, la familia Corcuera, quienes la mantuvieron en su posesión hasta la década de los 90s.

Fue usada como casa de asistencia, colegio, sede del Consulado Alemán, fue refugio clandestino para monjas durante la época cristera, sede del Instituto de Ciencias, sede de la facultad de sicología del ITESO y en la década de los 80s terminó en ruinas. Posteriormente un grupo de empresarios encabezados por Harry Day, adquirieron la finca, la rescataron y establecieron el University Club.

Los arquitectos Enrique Martínez e Ignacio Gómez Arreola fueron los encargados de la titánica labor de restauración, por cuyo éxito, el Colegio de Arquitectos de Jalisco les otorgó un reconocimiento en 1994. La decoración interior estuvo en manos de la decoradora Laura Calderón, quien hizo un trabajo sobresaliente.

La escalera principal es la original tanto en su trazo como en la balaustrada, durante la restauración se sustituyó el pasamanos que era de madera por uno de bronce fundido, tan sólo esa parte de la escalera pesa más de 300 kgs. Los peldaños son de mármol blanco y se colocó un pasillo de alfombra roja.

Al candíl que adorna la escalera fue hecho en Ciudad de México con un diseño exclusivo, tiene 3 metros de alto y consta de 40 luces, la casa está adornada con vitrales de los talleres de Cristina Ferrer, el principal es el que se encuentra precisamente en la escalera, con un bello motivo de la Barranca de Huentitán.

El bar es un lugar 100 % inglés, el espacio fue creado ambientalmente en esa disposición durante la restauración en la que se creó el University Club en 1992, el ambiente que se logró es casi idéntico a cualquier Pub Británico.

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